"Combatimos en la guerra eterna, no por honor o por sentido del deber, sino por un propósito más puro: el odio. Fuimos traicionados y dejados de lado por los nuestros cuando estábamos en nuestro mayor apogeo. Guilliman, Dorn, Sanguinius... maldigo estos nombres. Horus, Perturabo, Angron... reverencio estos otros, a quienes seguiría hasta el final. Es este odio lo que me ha mantenido con vida durante estos largos milenios. Odio que aderezo con amargura y condimento con la muerte de mis antiguos hermanos. Porque sé que, cuando el fin de los tiempos se acerque y Horus haya vuelto, entonces el falso Emperador será depuesto de su sepulcral Trono Dorado y nosotros ocuparemos el lugar que nos corresponde al lado de Horus, el verdadero Emperador de la Humanidad." Ferrous Ironclaw, Tecnoseñor de la Segunda Compañía de los Guerreros de Hierro
Hace tiempo, los guardianes de la Humanidad, los Marines Espaciales, eran todos hermanos. Fueron reclutados de entre los mejores guerreros y mutados genéticamente hasta ser convertidos hasta convertirlos en superhombres; se los entrenó en el arte de la guerra y fueron armados con las mejores armas. Su lealtad hacia el Emperador de los hombres los mantenía unidos y acompañaron a este en la Gran Cruzada para sacar de la oscuridad a los mundos aislados y reunirlos bajo el manto protector del Imperio. Fue la Edad Dorada de las gestas y el heroísmo.
Pero entonces llegó la apocalíptica guerra civil conocida como la Herejía de Horus. El Imperio se dividió en dos y todo mundo e institución sufrió las consecuencias. Este fue un acto de alta traición que aún hoy, diez mil años después, permanece en las mentes de todas las personas.
La mitad de los Marines Espaciales rechazaron al Emperador. Esto no fue una mera rebelión: los Marines Traidores habían caído bajo la influencia de los dioses del Caos, infernales entidades de la disformidad que moran en los límites de la realidad con la malsana intención de devorar las almas de aquellos que habitan el mundo de los mortales. Los dioses del Caos prometieron la inmortalidad a los Marines Traidores para despertar sus más profundos y oscuros secretos. Nadie estaría a la altura de poder castigarlos y el universo sería suyo. El Caos tendió la mano y los perdidos y los condenados la tomaron.
Fueron derrotados gracias a un acto de sacrificio supremo por parte del Emperador y de los Marines Espaciales que se mantenían leales a él. Tras la derrota, se vieron forzados a retirarse al Ojo del Terror. Se han convertido en Marines Espaciales del Caos por siempre, temidos y despreciados por siempre. Y, lo que es peor, el paraíso prometido por los dioses del Caos ha resultado ser un infierno de mutación, dolor y locura. La demonicidad les espera al final del camino junto a una existencia eterna como esclavos de la oscuridad.
Siguen combatiendo, sin arrepentirse en ningún momento de la elección que hicieron. La amargura y el odio que sufren alimenta su fuerza y su poder y los Marines Espaciales del Caos martirizan el Imperio bajo la mercurial tutela de los malvados dioses del Caos. Continuarán haciendo la guerra hasta que el Emperador sea destronado y los dioses del Caos gobiernen sobre todos y sobre todo.